martes, 7 de abril de 2009

AMIGOS POR TODAS PARTES

El artículo 18 de la Constitución Española de 1978 garantiza el derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen. Y, a continuación, matiza que la Ley limitará el uso de la informática para asegurar dichos derechos.
Probablemente, en 1978 pocos podrían imaginar que en el siglo XXI la informática, en forma de Internet, habría extendido sus tentáculos hasta llegar a estar presente en cada rincón del planeta. La red se ha convertido en el vehículo más rápido para realizar todo tipo de operaciones comerciales y bancarias, en la fuente más inmediata de información a nivel global, e incluso en un nuevo y amplio escenario para las relaciones personales. En cualquier caso, rapidez, inmediatez y amplitud no siempre garantizan fiabilidad, exactitud y calidad; pero este es otro debate.
Hace tan sólo un lustro, poder interactuar a través del messenger nos parecía "magia" (tomo prestada esta definición de mi tía Marisol). Hoy las tan de moda redes sociales han dado un paso más: además de hablar, nos permiten compartir archivos, localizar a personas a las que les habíamos perdido la pista, agruparnos por intereses... Y todo ello con una atractivo y opcional ingrediente añadido: la visibilidad pública. Ese es el elemento más característico de estos nuevos foros virtuales: la posibilidad de compartirlo todo. Nuestros vídeos y material fotográfico, nuestros pensamientos, nuestros gustos y aficiones, nuestras amistades... Abrimos, unos de par en par y otros a medias, la puerta de nuestra intimidad. Libremente controlamos lo que queremos mostrar; o al menos eso creemos.
En el momento en que cualquiera puede "colgar" un video o fotografía en la que aparecemos, hacer un comentario o dar información sobre nosotros sin nuestro consentimiento, perdemos el control sobre nuestra imagen e intimidad. ¿Y quién es capaz de garantizar hoy por hoy esos derechos? Cabe suponer que los poderes judiciales de los distintos países trabajan en ajustar la legislación a las nuevas circunstancias. El problema es que, en muchas ocasiones, los abusos adquieren dimensiones supranacionales.
Probablemente, en los próximos meses resultarán habituales las noticias relacionadas con suplantaciones de identidad y denuncias por atentados contra el artículo 18 de la C.E. Y si no, al tiempo.
Pero existe otra cuestión que preocupa en relación con las redes sociales virtuales: la banalización del concepto "amistad". No se trata de defender una visión purista ni mucho menos de dicho valor; simplemente llama la atención la enorme acumulación de "amigos" que tiene cada perfil. Todo vale: compañeros de trabajo, amigos de la infancia, simples conocidos e, incluso, completos desconocidos. Con todos ellos comparten, como decía antes, su intimidad y su imagen (y lo que es más peligroso, también las de sus propios contactos).
¿Estar dentro o quedarse fuera (siempre que los de dentro lo permitan)? ¿Moda o cambio de mentalidad? ¿Simple divertimento o importante telaraña de intereses sociales y laborales? ¿Juego inocente o terreno libre para mentes malintencionadas? Preguntas díficiles de contestar con el fenómeno en pleno auge. Pero sí podemos sacar una conclusión indiscutible: se trata de un negocio redondo para algunos. Para muestra un botón: con tal sólo 24 años, Mark Zuckerberg, creador de Facebook, acumula una fortuna de más de 1.500 millones de dólares. Así cualquiera tiene amigos...

1 comentario:

Verónica dijo...

Definición en la R.A.E. de amigo, ga.:

(Del lat. amīcus).
1. adj. Que tiene amistad. U. t. c. s. U. como tratamiento afectuoso, aunque no haya verdadera amistad.

...

~ del asa.
1. m. y f. coloq. desus. amigo íntimo.

~ de pelillo, o ~ de taza de vino.
1. m. y f. coloq. desus. amigo que lo es solamente por interés y conveniencia.



En Facebook hay mezclados amigos, amigos del asa y amigos de pelillo o de taza de vino...

El artículo 18 de la C.E. está temblando, el pobre ya no sabe qué hacer. Está mayor.

Finalmente, yo prefiero estar dentro, dentro del corazón de la gente que significa mucho para mí, como tú.

Un abrazo