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sábado, 2 de marzo de 2013

LA LETRA PEQUEÑA: UN CASO POR RESOLVER

Que la literatura se nutre de la realidad es algo más que evidente y constatable: el mundo que nos rodea es una hoja en blanco sobre la que nuestra fantasía garabatea y escribe en tinta negra nuevas historias. Sin embargo, y esto es lo realmente inquietante, a menudo parece que este ejercicio se produce a la inversa y es entonces la realidad la que parece mimetizar temas y motivos más propios de temas librescos que de nuestra cotidianidad. De súbito, un objeto, un lugar o una persona tienen la capacidad de evocar en nuestra imaginación un mundo fabuloso y nos trasportan a un lugar que se eleva más allá de lo que nuestros ojos son capaces de percibir. Y en ese momento tenemos la sensación de ser personajes invitados a una velada imaginaria relatada exclusivamente para nosotros: la imaginación, la sugerencia y los sueños extienden su alfombra roja para hacernos sentir privilegiados espectadores que llegan a una fiesta sorpresa justo a esa hora exacta y precisa en que la vida parece querer disfrazarse con algún traje especial, alquilado justo para la ocasión.

domingo, 20 de enero de 2013

LA LETRA PEQUEÑA: FIESTA EN MI HABITACIÓN

Por motivos personales y de estudio, he tenido en los últimos meses la oportunidad de releer un buen número de clásicos de la literatura castellana, desde la Edad Media hasta el Siglo de Oro. Así que todas las noches, antes de meterme en el sobre, se daban cita en la oscuridad de mi habitación un buen puñado de escritores que vivieron en una época bien diferente a la nuestra. La oscuridad de la Edad Media encontraba en la débil luz de mi flexo un nueva oportunidad de relatarse, un nuevo de modo de hallar acomodo en los días trepidantes que nos ha tocado que vivir.

El Cid, Trotaconventos...
Mi casa se encuentra muy cerca de la plaza del pueblo, así que si en lugar de en el Siglo XXI estuviese viviendo en la baja Edad Media, no tendría más que un paseo hasta llegar al lugar en el que se daban cita los juglares para entretener y amenizar al personal, ávido de aventuras trepidantes que hiciesen olvidar por momentos la dura vida del Medievo. Contaban esas leyendas que un valeroso caballero llamado Rodrigo Díaz de Vivar, conocido como el Cid, fue víctima por partida doble de una tremenda injusticia que le llevó al destierro por parte de su bien querido rey. Lejos de la violenta cólera y el más que justificado enfado, nuestro caballero encuentra en el amor a su familia y en su fe en Dios el resorte necesario para resarcirse de tanta injusticia, consiguiendo con ello ser un héroe mucho más realista y humano que aquellos que siempre han pululado en las grandes epopeyas de la literatura universal.

lunes, 17 de diciembre de 2012

LA LETRA PEQUEÑA: UNIDOS EN LA OSCURIDAD

Estados Unidos de América, finales de los años cincuenta. La Guerra de Vietnam todavía está por llegar y desde las ventanas de las casas empieza a escucharse un nuevo tipo de música cuyo sensualismo y desenfreno escandaliza a los padres de la puritana clase media norteamericana: es rock and roll. En un pueblo cualquiera, un día cualquiera de principios verano, cuatro muchachos de unos 12 años, amigos del colegio y la calle, se enteran de manera furtiva y fortuita de una notica que piensan que les cambiará la vida: el cuerpo sin vida de Ray Brower, otro chaval de su edad que desapareció misteriosamente, permanece oculto en el bosque sin que nadie conozca su paradero. De manera inocente y entusiasta, los cuatro colegas fantasean sobre la posibilidad de encontrar el cadáver para resolver el misterio. Piensan que semejante hazaña será reproducida por todos los medios de comunicación mientras ellos se convierten en famosos y millonarios de la noche a la mañana. Así que deciden escaparse de casa y adentrarse en el bosque por unos días en busca de su particular “tesoro”.

domingo, 11 de noviembre de 2012

LA LETRA PEQUEÑA: EL LIBRO Y EL MAR

El mar ha sido siempre un lugar emblemático y mítico para el mundo de la literatura. Y no son pocas las razones que le han llevado a ocupar este puesto privilegiado. Se puede regresar a la ciudad de la infancia y comprobar lo mucho que ha cambiado, descubrir que los incendios o la urbanización desmedida se han llevado por delante el monte donde de pequeños jugábamos. En cambio, la imagen del mar permanece siempre impasible e impertérrita, como si hubiera llegado a un pacto secreto con el paso de los días y los años que se sirven de su continuo oleaje para recordarnos que, a pesar de todo, el tiempo, como el agua que llega a la orilla, tiene una única dirección. Y el misterio que lo envuelve… Si uno pisa tierra firme se siente seguro, a salvo, mientras que las aguas marinas parecen invitarnos a un mundo desconocido e inquietante, a veces oscuro, a veces azul…

jueves, 4 de octubre de 2012

LA LETRA PEQUEÑA: EL DERECHO A ABANDONAR

¿Por qué nos cuesta tanto abandonar una novela que, ya bien avanzada, se nos antoja pesada y tediosa?, ¿por qué no podemos evitar tener cierta sensación de derrota y frustración cuando barruntamos hacerlo? No existe lector en el mundo que no se haya hecho estas preguntas en algún momento, mientras estaba leyendo algún libro que, inevitablemente, se le iba cayendo de las manos. Y estas dudas no carecen de interés, máxime si tenemos en cuenta que en otras manifestaciones artísticas (música, cine, etc.), nos sentimos más cómodos y con mayor libertad a la hora de reconocer que tal disco o tal película no nos gustó. Es necesario, pues, reflexionar sobre qué significa la actividad de leer para tratar de vislumbrar por qué a muchos lectores les acompaña, como una molesta y cansina mosca que sobrevuela sobre su hombro, ese sentimiento de culpabilidad mientras le hincan el diente a un libro.

viernes, 7 de septiembre de 2012

LA LETRA PEQUEÑA: UNA DE FANTASMAS

Un ejercicio literario muy interesante es el de analizar todos esos seres monstruosos y abominables que nos ha dado el mundo del libro, el cine, el cómic... Sobre todo porque, por muy sobrenaturales, terroríficos e inmundos que resulten, no dejan de ser creaciones humanas y en cierto sentido reflejan nuestros propios miedos y angustias.
El famoso Conde Drácula de Bram Stoker es un ser que habita entre dos mundos, el de los vivos y el de los muertos, condenado a una eternidad que no otorga paz a su alma. Esta angustia existencial sobre la posibilidad de quedar eternamente condenado es algo tan antiguo como la civilización. Por su parte, la fabulosa novela Frankenstein de Mery Shelley, nos presenta un ser terrorífico al que da vida un simple estudiante, demostrándonos así todo el mal que somos capaces de crear con nuestras propias manos. Los grotescos marcianos que intentan colonizar nuestra tierra en La Guerra de los mundos de H.G Wells son unos seres carentes de piedad, es cierto, pero dotados de una inteligencia fuera de lo común que, desprovista de razón y humanidad, les lleva a aplastar a su enemigo. Algo que nos remite a lo que sucedió en el nuevo continente americano allá por el siglo XV. En definitiva, no deberíamos olvidar que estos fantasmas son “nuestros fantasmas”. Además, han trascendido a la cultura popular, puede que porque necesitemos visualizarlos, bajarlos a nuestra realidad para enfrentarnos a ellos. Este ejercicio de reflexión está muy presente en gran parte de la obra de un autor, Henry James, que nacido y crecido en los EE.UU pronto se traslada a una Europa de la que recoge lo mejor del realismo francés para conjugarlo con elementos del romanticismo inglés, una vez afincado ya en Londres, lugar en el que finalmente termina sus días.

miércoles, 18 de julio de 2012

LA LETRA PEQUEÑA: EL ARTE DE RESISTIR

Una de las mayores tragedias humanas que viven algunas personas como consecuencia de la terrible crisis económica que sufrimos es la usurpación de la identidad personal, entendida ésta no sólo como aquella que se forja desde la más absoluta intimidad, sino que se proyecta además sobre todo aquello que nos rodea y sentimos como propio. Las clases más desfavorecidas se ven desahuciadas de sus casas, privadas de trabajo y mutiladas de todo aquello que era prolongación de su rutina diaria, su identidad y su vida. Esta reflexión flota constantemente en la cabeza mientras se lee la novela Las uvas de la ira de John Steinbeck, libro que narra el éxodo hacia otras tierras al que se ven abocados los granjeros de Oklahoma en busca de un modo de vida y un trabajo que les fue arrancado en la devastadora crisis acaecida tras el crack del 29. La obra puede parecer al lector excesiva a juzgar por su extensión. Precisamente por ese motivo decidí yo combinarla con otra mucho más breve y menos vasta, que me permitiera tomar pequeños paréntesis en la lectura de la primera. Una forma de resistencia de Luis García Montero (libro formado de pequeños relatos y reflexiones creados por uno de los poetas españoles más importantes de la actualidad), fue el elegido para emprender esa travesía que proponía Steinbeck. Y tras terminar las dos casi simultáneamente, comprobé lo acertado de mi decisión, pues ambas novelas se explican y amplían recíprocamente, y de esa íntima relación que mantienen decidí escribir este artículo.

miércoles, 20 de junio de 2012

LA LETRA PEQUEÑA: UN MUNDO (IN)FELIZ

De entre todos los géneros novelísticos y cinematográficos hay uno que resulta especial a tenor del número y el tipo de fieles seguidores que posee: la ciencia ficción. El terror fascina porque inconscientemente sentimos seguridad y confort al vivir esa historia desde el sofá; la comedia porque es un alivio comprobar que también los contratiempos tienen su lado cómico; la novela policíaca porque a todos agrada burlarse de la monotonía, enfundarse una gabardina gris y salir a la calle en busca de trapisondas y crímenes que resolver. Pero, desprovisto del tono humorístico, a pocos le resulta atractiva la idea de toparse con un marciano en la cocina, o de dar un salto temporal de 2.000 años. Qué pereza. Y para colmo, uno teme, si se hace seguidor de este género, terminar formando parte de ese elenco de personajes que acuden disfrazados a las salas de cine para disfrutar del estreno de turno. Es pues la ciencia ficción un género “friki”, como el amigo rarito, el alumno solitario y taciturno que se sienta solo en clase. Nada como Un mundo feliz, de Aldous Huxley, para derrumbar estos prejuicios.

miércoles, 23 de mayo de 2012

LA LETRA PEQUEÑA: VOLVER

Hay personas que te enseñan sin darse cuenta, con sus gestos, sus palabras, su forma de expresarse... Hoy os presento a una de ellas; un tío noble, honrado, responsable y generoso. Aunque estudió periodismo, pronto se dio cuenta de que lo suyo era comunicar de otra manera. Tras sacarse una oposición, ejerce como profesor de literatura de secundaria y os puedo asegurar que no eligió esa opción por comodidad. Gonzalo disfruta con lo que hace; lo transmite cuando habla de su trabajo y de sus alumnos. Y eso es un lujo; casi tanto como tenerlo a él como maestro y, sobre todo, como amigo. Atentos a su letra pequeña...

Siempre me ha fascinado releer libros que en su momento me causaron una honda impresión. Soy consciente de que esta idea no es compartida por muchos lectores, que prefieren dedicar el tiempo de lectura a conocer nuevos libros e historias. Recuerdo que una vez escuché a un escritor decir que en el mundo de la literatura lo más importante no es la cantidad, sino la calidad, y que al final resultaba mucho más satisfactorio conocer y exprimir la enjundia de determinadas obras literarias que acumular libros y libros en la estantería sin extraer de ellos más que una visión superficial. Y conforme pasa el tiempo me reafirmo yo también en esta idea. Así que, sin renunciar al placer de conocer y leer nuevas historias, siempre me gusta hacer un paréntesis y retomar algún libro que sé que hace años me cautivó, y no son pocas las sorpresas que me llevo cuando lo hago.