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martes, 17 de noviembre de 2009

"ÉL ES DIFERENTE"

El despertador sonó a las 7:45 y, como cada mañana, Miguel, sin a penas abrir los ojos, estiró los brazos y retrasó el despertador hasta las ocho en punto. Aquel gesto, absurdo para muchos, se había convertido en un ritual para él. Necesitaba esos quince minutos de prórroga en la cama para hacerse a la idea de que tenía que levantarse y enfrentarse a la realidad.
Aquella mañana sus primeros pensamientos fueron dedicados al atractivo muchacho que había descubierto en el supermercado el día anterior. A pesar de que no recordaba su cara con claridad y ni siquiera sabía su nombre, tenía la sensación de que ese misterioso individuo podría enamorarlo sin hacer ningún esfuerzo. Otras veces había tenido la misma intuición. “Pero él es diferente”, pensó mientras dibujaba una sonrisa en su cara todavía marcada por el contacto con las sábanas.
A continuación, se acordó de la cena de la noche anterior con sus amigos. Aunque se había divertido, algo le inquietaba. Era incapaz de definir ese algo; era como un extraño presentimiento, como si aquella reunión fuese a marcar un antes y un después en las relaciones entre ellos. El fin de un ciclo. Sí. Habían compartido juntos muchas experiencias y habían forjado unos lazos sólidos, aparentemente inquebrantables. Ahora, la marcha de Raquel cambiaba las cosas. Sus caminos comenzaban a separarse y ninguno de ellos parecía dispuesto a oponer resistencia. Miguel tampoco. El estridente sonido del despertador interrumpió bruscamente sus pensamientos.

domingo, 30 de agosto de 2009

"CLARO QUE TE QUIERO"


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Nacho y Raquel no se dijeron ni una sola palabra durante el trayecto. Él por orgullo; ella porque no tenía ganas de discutir. En el fondo, ninguno de los dos había imaginado que su última noche juntos iba a ser así.
-“¿Te vas a quedar a dormir?”, preguntó Nacho con seriedad mientras aparcaba el coche. Temía la respuesta de Raquel, porque no estaba convencido de que fuera afirmativa.
-“Sí”, contestó ella con indiferencia.
Salieron a la calle y caminaron distantes durante unos minutos, sin hablar ni mirarse, como dos auténticos desconocidos, hasta que, ya en el interior de la casa de Nacho, Raquel intentó suavizar la situación.

miércoles, 17 de junio de 2009

"ME LLAMO NATALIA"

Fermín logró aparcar su vehículo después de veinte minutos dando vueltas a la manzana. La muerte de aquel chico le había impactado sobremanera y, peor aún, había hecho que volviera a plantearse si se había equivocado de profesión. Desde que tenía uso de razón había querido ser médico. Su vocación parecía apoyarse en unos pilares sólidos. El tiempo demostró que no era así. Las primeras dudas surgieron en el último curso de la carrera, justo cuando su madre sufrió una grave enfermedad a la que él no supo enfrentarse con la entereza que, según su propia opinión, se le debía exigir a un estudiante de medicina.

lunes, 30 de marzo de 2009

VOLAR POR LOS AIRES

Tras la cena, Raúl se empeñó en acompañar a Aurora hasta su casa. Ella quería evitar quedarse a solas con él. Intuía que le preguntaría por la conversación telefónica que habían mantenido por la tarde. Efectivamente, conocía bien al que había sido su pareja.
-“Antes te he notado muy rara. ¿Todo va bien?”, le preguntó con cierta cautela.
-“Sí”, contestó la chica secamente.
-“Rory, te conozco. ¿Qué ocurre?”, insistió.
-“Mira, Raúl, confía en mi. No pasa nada”.
En ese momento Aurora se sintió culpable. Tarde o temprano Raúl se enteraría de su embarazo y, entonces, se sentiría defraudado por no habérselo contado ella misma. En ese instante, se detuvo en seco. Él, un paso por delante, levantó los brazos en señal de sorpresa.
-“¿Me das un abrazo?”, exclamó la adolescente casi rogando. Inmediatamente, Raúl la cubrió con sus anchas espaldas.
-“Estoy embarazada”, reveló fríamente.
Sus mejillas se despegaron, aunque sus cuerpos continuaban entrelazados. Raúl no podía disimular su aturdimiento. Miró a Aurora fijamente, casi con piedad. En aquel momento sintió que todas sus ilusiones volaban por los aires. Su respiración se aceleró y, tras separarse unos pasos de su amiga, se arrodilló en el suelo, se cubrió el rostro con las manos y empezó a llorar como un niño. Aurora se agachó a su altura y le acarició el pelo con ternura. Sabía que, sin querer, le había destrozado el corazón.

domingo, 30 de noviembre de 2008

EN UNOS MINUTOS...

Jaime permanecía nervioso en la sala de espera del hospital. Sólo le habían comunicado que su hijo estaba bien, pero que tenía que permanecer en observación durante toda la noche. En unos minutos podría pasar a verlo. En cambio, sobre su esposa el primer diagnóstico había sido más inquietante. “Ella se ha llevado la peor parte. Afortunadamente llevaba puesto el cinturón de seguridad. Permanece en la unidad de cuidados intensivos. En cuanto podamos decirle algo, no dude que lo haremos”, le explico el médico que la atendía.
Todavía no se podía creer lo que había pasado. Todo había sido tan repentino. Se habían despedido con normalidad a la salida de aquel centro comercial. Debían de haberse reencontrado horas después en el domicilio. Sin embargo, aquella llamada telefónica lo truncó todo. “Su mujer y su hijo han tenido un accidente de tráfico”. Con esas palabras había empezado su pesadilla.

lunes, 20 de octubre de 2008

LA CENA DE RAQUEL

La cena transcurrió con normalidad, tras un inicio poco prometedor. Por un lado, Nacho era incapaz de disimular su malhumor tras la discusión que había tenido con su novia. Además, los otros comensales se hicieron esperar. Después de Miguel llegó Raúl. Y, a los pocos minutos, Natalia. Cuando parecía que nadie más les iba a acompañar, Aurora hizo su entrada en el restaurante, animando con su presencia al, hasta entonces, descafeinado grupo de amigos. Si algo definía a Aurora era su espontaneidad y su alegría. A raíz de su relación con Raúl, había sido la última en incorporarse a la pandilla. Sin embargo, nadie lo diría. Sin pretenderlo, se había convertido en la líder indiscutible, a pesar de ser la más joven. Era la persona en la que todos confiaban, continuamente estaba proponiendo planes y era la encargada de mediar en caso de conflicto entre sus amigos. Además, lo hacía todo siempre con una sonrisa.
Esa noche no fue una excepción y, a pesar de sus preocupaciones, volvió a crear un ambiente distendido y divertido en honor de Raquel, probablemente su mejor amiga. Incluso consiguió que Raúl olvidase preguntarle por la extraña actitud que había mostrado durante su conversación telefónica. Sólo faltaba una persona en aquella mesa. Natalia explicó que le había dicho que se encontraba indispuesta. El resto recibieron la excusa con incredulidad, pero sin hacer ningún comentario al respecto. Dedicaron todas sus energía a recordar divertidas anécdotas y a hacer disparatadas hipótesis sobre cómo sería la vida de Raquel en Rabat.
Al filo de la medianoche, los amigos salieron del bar y se dispersaron en la fría oscuridad. Raquel caminaba al lado de Nacho. Estaba emocionada tras despedirse de sus cuatro amigos. Probablemente el vino también influía, de alguna manera, en su estado de ánimo. Por un momento la nostalgia se apoderó de ella. Sin embargo, al entrar en el coche de su novio aquel sentimiento se transformó en miedo. Conocía perfectamente a su acompañante y sabía que el segundo round estaba a punto de comenzar.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

HUIR

Al llegar a casa, se encerró en su habitación y durante un buen rato permaneció en posición horizontal y boca abajo llorando desconsoladamente sobre su cama. Su agonía se escuchaba por todo el domicilio. Su madre, acostumbrada ya a esos ataques de ansiedad, permanecía inmóvil al otro lado de la puerta de su cuarto. No podía hacer nada por ella. Nadie podía.
Cuando logró interrumpir su amargo llanto, se dio la vuelva y se quedo mirando al techo durante unos minutos. Sabía que su amiga Natalia tenía razón. Sentía que había tocado fondo. Sí, ya no podía caer más bajo. “Pero, ¿qué puedo hacer?”, se preguntaba. Había intentado olvidar a Eduardo por todos los medios. Aquel chico le había robado la alegría, la ilusión e, incluso, la personalidad. Se había convertido en un ser patético de cara al resto del mundo. O al menos así lo veía ella. Patética. Sí. Aquel pensamiento le hizo reaccionar. Ya había perdido demasiado tiempo de su vida obsesionada y torturándose.
De repente, y con un rápido movimiento, se levantó y salió de la estancia. Para su sorpresa, se topó de bruces con su madre, que no podía disimular la compasión en su mirada. Tras darle un beso en la mejilla, la miró a los ojos y le anunció la repentina decisión que había tomado.

lunes, 8 de septiembre de 2008

TORPEZA, TEMOR E INQUIETUD

Óscar estaba en la ducha cuando escuchó el sonido que le avisaba de que había recibido un mensaje en su teléfono móvil. En ese momento se dio cuenta de la torpeza que había cometido al dejar el aparato en la habitación. Nunca tenía ese tipo de errores, pues era una persona extremadamente cuidadosa. No en vano, se jugaba mucho. De modo que, ante el temor de que su esposa también hubiera escuchado la señal y pudiera cogerlo por curiosidad, se apresuró y prácticamente salió del baño sin secarse y dejando a su paso un rastro de agua y jabón.
Por un momento pensó que había llegado demasiado tarde. Su mujer sujetaba el teléfono con sus manos. Óscar intentó disimular su inquietud, para no levantar sospechas.
-“Óscar, lo estás poniendo todo perdido. Ten cuidado. Toma, ha sonado un mensaje”, dijo ella estirando el brazo.
-“Ah, no lo había oído”, respondió el marido mientras agarraba con firmeza el aparato de la mano de su mujer.
El peligro había pasado. Óscar, todavía nervioso por lo sucedido, leyó el mensaje y reaccionó con indiferencia.
-“Publicidad”, dijo con desdén.
-“¡Qué pesados! Vístete, que te vas a resfriar”, respondió la mujer sonriendo. Y, a continuación, salió de la habitación.
Más tranquilo, el marido volvió a mirar el mensaje, esta vez con más detenimiento.
-“Hola. Perdona por estar desaparecida. He tenido lío en casa. Necesito hablar contigo. Mejor mañana. ¿Quedamos a comer? ¿A las dos en el hotel? Un beso”.
-“OK”, respondió Óscar contrariado.

lunes, 25 de agosto de 2008

EN UN SEGUNDO PLANO

Las nueve en punto. Nacho y Raquel fueron los primeros en llegar al restaurante. Lo hicieron cogidos de la mano, pero con el rostro serio. Él seguía molesto por no poder disfrutar solos de la última noche que iban a compartir en muchos meses. Ella se lo había explicado mil veces. Decía que había sido imposible encontrar otra fecha para juntar a toda la pandilla. Aquel argumento no convenció a su novio, quien aprovechaba la menor ocasión para echárselo en cara. No podía disimular su desilusión.
-“Al menos vendrás a dormir a mi casa, ¿no?”, preguntó Nacho rompiendo el incómodo silencio.
-“No sé”, dudó Raquel. “Mañana tengo que levantarme pronto para terminar de hacer la maleta”, añadió.

lunes, 11 de agosto de 2008

AMISTAD

-“¿Qué te pasa?”, preguntó Natalia preocupada.
Llevaba un rato esperándola en la esquina donde siempre se citaban, cuando la vio aparecer con aire bucólico. Aquella estampa le resultaba familiar. Se temía lo peor. Antes de poder formular la pregunta, su amiga se lanzó a sus brazos y rompió en un llanto desconsolado. Unos minutos después, sentadas en un banco, pudo explicar el motivo de su angustia.
-“He quedado esta tarde con Eduardo. No me riñas, por favor. Ya sé que no debería haberlo hecho. Pero no lo he podido evitar”, reconoció entre sollozos.
-“Le he pedido perdón por haberlo agobiado tanto desde que rompimos. Entonces, él ha reaccionado como si le diese todo igual y ha cambiado de tema”, continuó.
Natalia la observaba con el rostro serio. No sabía qué hacer con las manos. En menos de un minuto las utilizó para acariciar la cabeza de la desconsolada criatura, para apoyarse en su hombro y para sacar un pañuelo de papel de su bolso. Aquello la sobrepasaba. Finalmente, cruzó los brazos, aprovechando de paso la postura para resguardarse del frío.
-“Claro, yo me he enfadado mucho y le he dicho que fue un cabrón conmigo, que lo admitiera de una vez por todas. Y en ese momento se ha puesto a gritar como un loco. Ha dicho que le olvide y que no quiere saber nada más de mí, y se ha largado. Estoy fatal. No me lo merezco”, concluyó.
“¿Qué hago?”, pensó Natalia. Sinceridad era lo que menos necesitaba en aquel momento su amiga. Eso era evidente. Pero, por otra parte, alguien tenía que decirle las cosas claras de una vez por todas. ¿Era esa la ocasión más idónea? Probablemente no. Aún así, se lanzó a la piscina y no escatimó en crudeza a la hora de dar su opinión.
-“Lo siento mucho, pero entiendo perfectamente a Eduardo. ¿No te das cuenta de que desde que rompisteis estás completamente obsesionada? Vale que él no actuó del modo correcto y que jugó contigo. Eso nadie lo niega. Ahora bien, tú te has comportado como una inmadura. Desde hace un año sólo sabes hablar de lo mal que estás y de lo mucho que ese tío te ha hecho sufrir. Joder, ni tan siquiera nos preguntas a los demás cómo nos va la vida”.
Cada sílaba que pronunciaba sonaba más cruel, más implacable. Natalia era consciente de ello. Había guardado demasiado tiempo esos pensamientos. Ahora era imposible intentar frenarlos.
-“Lo que menos necesito ahora es que te cebes así”, replicó su vulnerable presa
-“No te equivoques. Precisamente lo que necesitas es oír todo esto. Ya te has compadecido más que suficiente”, dijo elevando el tono.
Hizo una pequeña pausa para tragar saliva. Veía el miedo reflejado en los ojos de su amiga. Aún así, no se detuvo.
-“Joder, tú antes eras una tía alegre. Mírate. Ningún hombre merece tanto la pena para llegar a estos extremos. Y perdona si te estoy ofendiendo. Te doy mi opinión porque creo que me he ganado el derecho de hacerlo”.
-“Has sido demasiado cruel”.
-“Siento que lo veas de esa manera”.
-“Me voy a casa”.
-“Nos están esperando para cenar. Raquel se va mañana”.
-“No estoy de humor. Prefiero quedarme. Diles que estoy enferma”.
-“Como quieras. Pero, como de costumbre, vuelves a hacerte la víctima. Te lo digo para que te des cuenta”.
-“Gracias. Eres muy considerada”.
A continuación, Natalia se quedó inmóvil. Se quedó observando cómo aquella mujer sin identidad se esfumaba entre la bruma de la noche. No, no se sentía culpable. Precisamente porque la quería, porque era su amiga, sabía que había actuado correctamente.

lunes, 21 de julio de 2008

UN NUEVO RAÚL

Colgó el auricular despacio, con cierta inquietud. Conocía perfectamente a aquella chica y había notado, por su tono de voz, que algo le ocurría. Tal vez esa noche, cara a cara, se atrevería a decírselo.
En contra de la opinión de muchos de sus conocidos, en el fondo Raúl no era una mala persona. Para entender su carácter pesimista, rencoroso, individualista y competitivo, hay que indagar en su infancia. Hijo único en el seno de una familia sin a penas recursos, se crío con sus abuelos maternos. Únicamente veía a sus padres un par de horas al final del día, momento que éstos aprovechaban para discutir por nimiedades y lanzarse todo tipo de improperios, sin preocuparse por cómo aquel comportamiento violento podría afectar al pequeño.

jueves, 17 de julio de 2008

STOP

Nunca debió coger el coche en esas condiciones. Estaba demasiado alterado. Los nervios se habían apoderado de él. Le temblaban las manos y las piernas y notaba un nudo en la garganta que le impedía tragar saliva. La situación le había desbordado.
Sintió un escalofrío por todo el cuerpo y se le nubló la vista. Fue incapaz de divisar a su derecha la señal de Stop que le obligaba a detenerse y, pese a dar un volantazo desesperado en el último momento, fue arrollado por otro vehículo. Inmediatamente, el claxon del coche de Eduardo inició un quejido interminable. En unos minutos dos ambulancias trasladaba a los heridos al hospital más cercano.

viernes, 11 de julio de 2008

SÓLO UNA BAJADA DE TENSIÓN

El teléfono de Aurora volvió a sonar. Hasta ese momento no había tenido fuerzas para descolgarlo. Él la había llamado con insistencia; debía estar preocupado. No habían hablado en todo el día. Ella sabía que no podía seguir evitándolo. Tenía que contestarle y exponerle el problema. Probablemente lo perdería para siempre, pero no había otra salida. Apretó la tecla de descolgar. El corazón le latía a gran velocidad.
-“¿Sí?”, dijo con un tono suave.
-“¿Aurora?”, respondió una voz masculina.
No era quien ella esperaba. Por un momento Aurora notó como le faltaba el aire.
-“¿Hola?”, exclamó al instante.
-“Hola. Soy Raúl. Quería saber si te encuentras mejor”.
Aurora recordó que, la tarde anterior, había sufrido un desvanecimiento mientras se encontraba con su amigo. En ese momento, ella no podía imaginar el motivo de su indisposición. ¿Qué debía hacer? ¿Contar la verdad o disimular? Finalmente optó por esta última opción.

jueves, 10 de julio de 2008

MAGIA

Miguel caminaba enérgicamente por la calle. Iba cargado de bolsas del supermercado pero, a juzgar por su sonrisa, el peso parecía no afectarle en absoluto. Aquella interesante mirada le había roto todos los esquemas. No la esperaba. Su efecto se dejó adivinar inmediatamente. Se sentía atractivo, como si destilase un halo de magnetismo entre quienes se encontraba a su paso.
A penas fueron unos segundos. Les separaba unos metros. No podían dejar de mirarse. Ni siquiera hicieron el esfuerzo de disimular. Por un momento, Miguel tuvo la tentación de decir algo. Incomprensiblemente, fue incapaz. Aquellos penetrantes ojos castaños se alejaron y se perdieron a lo largo del interminable pasillo de productos congelados.

miércoles, 9 de julio de 2008

TQM

-“Estás preciosa”.
-“Gracias, cielo. Nos vemos esta noche en casa”.
Después de esas tiernas palabras, Irene y Jaime se fundieron en un largo abrazo. Llevaban tres años casados, pero seguían comportándose como dos quinceañeros en los primeros meses de relación. Se habían conocido en la universidad estudiando Derecho y, desde entonces, no se habían separado ni un solo día. Más que amor, lo que les unía era una especie de fascinación mutua.
Un beso cruzado lanzado al aire constituyó la despedida definitiva. Cada uno subió a su coche. Antes, la mujer se aseguró de que el pequeño Alejandro, de 18 meses, estuviera sentado y atado correctamente en la silla de seguridad.
Jaime salió delante. En el primer semáforo en el que se detuvo aprovechó para enviar un mensaje al móvil de su mujer. “TQM”, decía.

martes, 8 de julio de 2008

"SALDREMOS ADELANTE"

En casa de los Montes la noticia fue recibida como un auténtico drama. La madre lloraba desconsolada en la cocina, mientras intentaba terminar de pelar las patatas para la cena. El padre había salido directo al bar de la esquina hecho una auténtica furia dispuesto a coger una de sus cada vez más habituales borracheras. La abuela rezaba de rodillas en su habitación con el rosario en la mano por el espíritu de su pobre nieta descarriada. Y una aterrorizada Aurora permanecía inmóvil sentada en una silla del comedor, mientras su hermano mayor le repetía una y otra vez, a puro grito, que aquello ya se veía venir, que era una desvergonzada y que les había destrozado la vida a todos ellos.

lunes, 7 de julio de 2008

LEJOS, MUY LEJOS

-“¿A qué hora sale el avión?”.
-“A las tres de la tarde. Pero tengo que estar un par de horas antes en el aeropuerto. De todas formas, no os preocupéis. Va a llevarme Nacho”.
-“¿Y no podemos ir nosotros también? Somos tus padres”.
-“Mamá, prefiero que no. ¿Qué más da que nos despidamos aquí o en el aeropuerto? Además, quiero aprovechar las últimas horas con Nacho. El pobre está hecho polvo”.
-“¿Qué te crees, que a mi no me afecta que te marches? Es que todavía no lo entiendo… Teniendo un buen trabajo aquí, ¿para qué necesitas irte? ¿Qué se te ha perdido a ti en Rabat? ”.
-“Te lo he dicho mil veces. Es la oportunidad de mi vida”.
-“Es una simple beca. No sería la primera que rechazas”.
-“Se acabó la discusión. Vete de aquí. Me sacas de quicio”.
-“¿No quieres que te ayude a hacer la maleta”.
-“No. Puedo yo sola. Déjame en paz un rato”.
Resignada, pero obediente, la madre dio media vuelta y abandonó la habitación. La relación entre su hija Raquel y ella siempre había sido complicada. Desde pequeña se había comportado como una niña arisca y resentida. Por mucho empeño que puso, nunca consiguió comprender esa actitud. Con la llegada de la pubertad, las cosas no mejoraron. La joven todavía se encerró más en sí misma.

sábado, 5 de julio de 2008

LA ÚLTIMA VEZ

La puerta de la cafetería se abrió y apareció Eduardo. Ella no podía disimular su nerviosismo. Nada más verlo entrar en el local notó como los músculos de su rostro parecían perder movilidad. Aunque luchaba con todas sus fuerzas para que sus labios dibujaran una sonrisa, lo máximo que consiguió fue una mueca de estupor. Instantáneamente se esfumó la rabia acumulada durante los veinte largos minutos que el chico se había retrasado. Deseaba abrazarlo, anhelaba tocarlo. Sin embargo, era consiente de que tendría que conformarse simplemente con un frío beso en el rostro. Tal vez esa sería su última oportunidad para recuperarlo, pensó.
Eduardo entró apresuradamente. Automáticamente dirigió su mirada hacía la mesa donde tantas veces habían pasado tardes enteras cogidos de las manos y desgastando su amor. Su efímera pasión. Allí estaba ella, con la mirada huidiza, con la sonrisa dubitativa, con las manos temblorosas. Él se dirigió hasta su sitio y, sin dejar que se levantara de su silla, le dio un cordial beso en cada mejilla, al tiempo que se disculpaba por su tardanza. “El tráfico”, se excusó. Quizás hubiera sido más honesto reconocer que hasta el último momento se estuvo planteando si procedía acudir a esa cita. Ese había sido el auténtico motivo de su impuntualidad.