lunes, 29 de febrero de 2016

EL GRAN LEO

"Soy el rey del mundo", gritaba su Jack Dawson en la proa del Titanic de James Cameron. Corría el año 1997. Algo similar debió sentir anoche Leonardo DiCaprio cuando Julianne Moore abría el sobre lacrado y pronunciaba su nombre desde el escenario del Dolby Theatre con una sonrisa. Sus colegas de profesión se ponían en pie para aplaudirle. Se estaba haciendo justicia. Tras cinco nominaciones (y otros muchos papeles que se quedaron a las puertas), por fin recibía el Oscar al Mejor Actor. Y lo hacía emocionado.

sábado, 20 de febrero de 2016

CAROL... Y THERESE

Lejos quedan, afortunadamente, aquellos tiempos en los que los guionistas de Hollywood se veían obligados a hacer piruetas para enmascarar relaciones homosexuales bajo la apariencia de simple amistad o admiración. Eso se traducía, en clásicos como La sogaLa calumnia, Rebelde sin causa o La gata sobre el tejado de zinc, en convertir a sus protagonistas en seres atormentados, irascibles o inadaptados por no poder dar rienda suelta a sus instintos. En ocasiones se "manipulaban" los textos originales (por ejemplo, los de Tenesse Williams); otras veces, directamente la censura prohibía cualquier referencia, tirando de tijera o alterando diálogos sospechosos. A partir de los 80, la industria cinematográfica comienza a interesarse por los personajes gays, casi siempre en forma de comedias ligeras (In & out, La boda de mi mejor amigo, Mejor imposible...) o en dramas con vocación reivindicativa (FiladelfiaLos tiempos de Harvey Milk...).

miércoles, 30 de diciembre de 2015

2015 EN 100 ETIQUETAS

Je suis Charlie Anita Ekberg Alberto Nisman Syriza José Manuel Lara Guerra de Siria Yihadismo Amparo Baró Dron y palo selfie La isla mínima y Birdman Miguel de Cervantes Ataque al Museo del Bardo Monedero Capitán Spock El caloret Leopoldo López Pedro Reyes GWI9525 Andreas Lubitz Masacre en la Universidad de Garissa Günter Grass Apple Watch Rodrigo Rato Boko Haram Eduardo Galeano Naufragio en Lampedusa Mad men Terremotos en Nepal Jesús Hermida Expo Milano B.B. King Mayweather vs Pacquiao Cambio y pactos Pablo Iglesias y Albert Rivera Ada Colau y Manuela Carmena Puertas giratorias Vicente Aranda Preysler y Vargas Llosa Jules Bianchi Jurassic World Antivacunas Caitlyn Jenner Pedro Zerolo Matanza de Charlestoon Marujita Díaz Christopher Lee Íker Casillas EEUU legaliza el matrimonio gay Fofisano Omar Sharif Crisis de la deuda griega Tsipras y Varoufakis Javier Krahe Pacto nuclear Saza Lina Morgan Windows 10 Desafío soberanista en Cataluña Usain Bolt José Ignacio Wert Wes Craven Novak Djokovic y Serena Williams Txiki Benegas 700 muertos en La Meca Corrupción en la FIFA Acercamiento Cuba y EEUU Ruiz Mateos Ve y pon un centinela Inside out Refugiados Aylan Kurdi Escándalo Volkswagen Examen de españolidad New Horizons Meme y emoji Freno a la poliomielitis El chapo Guzmán Agua líquida en Marte Tragedia de El Cambray II Carmen Balcells Ellen Johnson Sirleaf Pau Gasol Eurobasket para España Ana Diosdado Carne roja y procesada Lorenzo, Rossi y Márquez Porto y Basterra Bertín Osborne Maureen O’Hara Mauricio Macri Derrota del chavismo Donald Trump Acuerdo climático de País Calentamiento global y contaminación Atentados de París Arthur Mas y la CUP Star Wars Crisis del bipartidismo Barça pentacampeón Tu Youyou

Fotografía: David Kumcieng, refugiado sudanés 
(exposición Un día tuvimos que huir, de ACNUR).

domingo, 27 de diciembre de 2015

MI PELÍCULA

 
Mi amigo Josevi y yo solíamos hacer bromas en la universidad sobre esas personas que, recurrentemente, nos encontrábamos en distintos momentos y en las circunstancias más variopintas; gente que lo mismo aparecía de repente en el supermercado, que en la biblioteca o en la panadería.  Ni siquiera sabíamos cómo se llamaban muchos de ellos, pero nosotros los bautizamos como "los extras", como si alguien se hubiera encargado de seleccionarlos para moverse y "hacer bulto" a nuestro alrededor. Y, así, fantaseábamos con ser los protagonistas de nuestro propio show de Truman, rodeados de "actores" eventuales y, otros, de largo recorrido. Cualquier sorpresa o giro inesperado se lo achacábamos a nuestros presuntos "guionistas", las cabezas pensantes que movían los hilos de nuestro destino. 

viernes, 18 de diciembre de 2015

VE Y PON UN CENTINELA

"Estaba casi enamorada de él. "No, eso es imposible", pensó. "O estás enamorada o no lo estás. El amor es lo único de este mundo que es inequívoco. Hay distintas clases de amor, pero todas se sienten o no se sienten".
Cincuenta y cinco años, ni más ni menos, separan la publicación de Matar a un ruiseñor (1960) de su continuación, Ve y pon un centinela (2015). No es que Harper Lee, su autora, se lo haya tomado con demasiada calma; todo lo contrario. Esta segunda parte tiene trampa. Al parecer, fue escrita en 1957 y es, en realidad, el primer borrador del que surgiría la mítica novela ganadora del premio Pulitzer; un proyecto rechazado por numerosas editoriales hasta que un editor avisado intuyó el potencial de aquella historia sureña sobre la segregación racial.