martes, 29 de abril de 2014

UNA REFLEXIÓN ALGO PESIMISTA SOBRE EL PERIODISMO


De niño me asombraba la capacidad de los responsables del Telediario (eran los tiempos en los que sólo existían dos cadenas de televisión), para resumir en aproximadamente media hora los acontecimientos más importantes de todo lo que ocurría ese día en el mundo. Y me inquietaba pensar que se les pasase alguna noticia. 
Más tarde, mucho antes de estudiar la carrera de periodismo, empecé a percatarme de que la relevancia es un criterio indeterminado y de que, a veces, tienen más peso otros como la proximidad, la singularidad o eso tan impreciso que llaman el interés público. Aún así, resulta curioso que los directores de los distintos informativos coincidan a la hora de seleccionar un alto porcentaje de sus contenidos. Lo mismo sucede con la prensa, la radio y los medios digitales. Sólo podemos extraer dos conclusiones: ¿o todos tienen el mismo criterio o beben de las mismas fuentes? Yo apuesto más por lo segundo. Pero la realidad es mucho más complicada.
La agenda de los partidos políticos, con esas ruedas de prensa destinadas a dictar titulares y en ocasiones sin derecho a formular preguntas, marca el contenido de los medios. El papel de los reporteros y/o enviados especiales se limita en la mayoría de los casos a ser la pica en Flandes, la demostración de que estamos en el lugar de la noticia, sin importar si aporta algo más allá del clásico "así es, efectivamente" con el que retoman la introducción del presentador de turno. Cada acontecimiento se completa con las opiniones, ya sea en forma de encuesta callejera o de mensajes en redes sociales, de una ciudadanía que imprime color a los datos. Nunca estuvo tan de moda mirarse al ombligo para promocionar los productos del propio grupo de comunicación o vanagloriarse de sus éxitos. A eso le añades unos cuantos crímenes, varios vídeos virales de Youtube, dos recomendaciones culturales para que vean que tocamos todos los palos y mucho deporte, y tenemos el informativo que la gente quiere ver. O eso piensan.
Voy a ir al grano: ¿creen ustedes que ha muerto el periodismo? Porque no me negarán que si no es así, al menos está de parranda. ¿Para qué sirve un periodista? ¿Para transmitir lo que a otros les interesa? ¿Para compartir dramas humanos? ¿Para disfrazar cifras y moldear pensamientos? ¿Para vender entradas de cine, camisetas de fútbol, cupones para hacerse con una vajilla...? Después de percatarse de que los políticos y los banqueros no son de fiar, ¿creen que la información que reciben pasa por buenas manos? Inquietante, ¿verdad?
No se sorprenderán si les digo que los periodistas son utilizados constantemente por quienes dominan el sistema para justificar conflictos armados, provocar caídas de gobiernos, alterar hábitos de consumo o, simplemente, manipular. El quinto poder es codiciado, con ello contamos. Lo preocupante es que parece que en los últimos tiempos todos, los profesionales los primeros, hemos asumido que eso es lo normal. Nadie se rebela porque, por ejemplo, nos vendan como positivos los datos del paro, sin leer la letra pequeña; ni porque un deporte "exista" o no en función de quién adquiera los derechos de emisión de las competiciones. ¿De verdad tiene lógica que relatemos los dramas de desahuciados con nombres y apellidos y, por contra, omitamos la identidad de la entidad bancaria que ha dejado a esa persona en la calle? Claro, si el público no repara en ello y así no perdemos un anunciante, o no le damos publicidad al oponente, o no nos metemos en problemas...
Por otra parte, no sería justo echarle la culpa sólo a los periodistas, porque lo que ustedes ven, leen u oyen en los medios es un reflejo de esta sociedad. Mentiras, fraudes, promesas incumplidas y mucha cobardía. La profesión que debería ayudar a denunciar las injusticias, a sacar los colores y a cambiar el mundo ya no existe, si es que alguna vez existió. Y cuando parece que asoma la patita, enseguida se le cuelga una etiqueta desacreditadora.
Si los medios no estuvieran en manos de grandes empresarios ajenos al periodismo, quizá otro gallo cantaría. Son los mismos que dirigen clubes de fútbol, compañías de seguros, importantes constructoras... ¿Qué les importará a ellos la verdad? ¿Para qué tiene que estar informada la gente? Desde las alturas, todo se ve muy pequeño, muy insignificante. Quizá lo mejor sea asumirlo, no analizar tanto, ponerse la venda y que nada duela hasta que no le toque a uno. Pensándolo bien, les invito a que lean y contrasten, a que intenten sentirse "libres" y que, aunque al final de la partida jueguen con ustedes igual que con el resto y poco puedan hacer para evitarlo, vivan sabiendo que en el fondo no les engañan.

1 comentario:

Eloy Rodríguez dijo...

Termino de leer y encuentro un "No hay comentarios"... y efectivamente, creo que no puedo comentar nada más de lo que ya has escrito.