miércoles, 25 de marzo de 2009

LA AUSENCIA

Cuando eres niño, la muerte se percibe como algo lejano e indefinido. Pero a medida que vas creciendo y ésta va haciendo acto de presencia en tu vida, de una u otra forma, entiendes que morir conlleva no volver a ver a la persona querida, no escuchar más su voz ni tocar su piel.
Lamentablemente, a veces la muerte también es una especie de liberación. Supone el fin del sufrimiento propio y, también, del que a los demás les produce el ver cómo la llama de la vida se extingue. Sin embargo, eso no reconforta a los que se quedan. Entre vivir y morir hay una separación tan difusa que impacta sentir como quien siempre ha estado deja de existir.
Ayer tuve esa sensación al perder a una persona muy cercana, un familiar irremplazable e inolvidable. Y ya empiezo a entender a aquellas personas mayores a las que, cuando yo era pequeño, oía hablar de la muerte con tanto respeto.

Si muero sobrevíveme con tanta fuerza pura
que despiertes la furia del pálido y del frío,
de sur a sur levanta tus ojos indelebles,
de sol a sol que suene tu boca de guitarra.

No quiero que vacilen tu risa ni tus pasos,
no quiero que se muera mi herencia de alegría,
no llames a mi pecho, estoy ausente.
Vive en mi ausencia como en una casa.

Es una casa tan grande la ausencia
que pasarás en ella a través de los muros
y colgarás los cuadros en el aire.

Es una casa tan transparente la ausencia
que yo sin vida te veré vivir
y si sufres, mi amor, me moriré otra vez.

- PABLO NERUDA -

1 comentario:

Miriam Reyes dijo...

La verdad es que la muerte te hace ver lo pequeño que somos todos y la falta de sentido de tantas cosas que nos rodean... Te mando un abrazo enorme pequeño... muuuuuak (me ha encantado el post)