domingo, 9 de agosto de 2009

MARCAPÁGINAS: LOS JUSTOS

En el contexto de la Rusia zarista, una organización terrorista planea matar al Zar y, de ese modo, liberar de la opresión al empobrecido pueblo. Lo tienen todo preparado para llevar a cabo su objetivo: el armamento, el reparto de funciones... Pero, llegado el momento, ocurre algo inesperado: la víctima va acompañada de dos niños en su misma carroza. Kaliayev, el encargado de lanzar la bomba, es incapaz de hacerlo.
Ese es el punto de partida de Los Justos, obra teatral escrita por Albert Camus en 1949. ¿El fin justifica los medios? Con esta pregunta se podría resumir esta historia en la que el premio Nobel de Literatura presenta un interesante debate moral sobre el terrorismo, sus motivaciones, sus fines y sus consecuencias.

DORA: Stepan, ¿tú podrías disparar con los ojos abiertos y a quemarropa sobre un niño?
STEPAN: Podría, si la Organización lo ordena.
DORA: ¿Por qué cierras los ojos?
STEPAN: ¿Yo? ¿He cerrado los ojos?
DORA: Sí.
STEPAN: Entonces ha sido para imaginarme mejor la escena y responder con conocimiento de causa.
DORA: Abre los ojos y comprende que la Organización perdería sus poderes y su influencia si un instante tolerase que unos niños fuesen destrozados por nuestras bombas.
STEPAN: No tengo estómago suficiente para esas bobadas. Cuando decidamos olvidar a los niños, ese día seremos los amos del mundo y la revolución triunfará.
DORA: Ese día, la revolución será odiada por la humanidad entera.

Cuando estudiaba 3º de B.U.P. una profesora de la asignatura de Ética nos hizo leer esta obra en el aula. Fue una lectura conjunta, seguida de una puesta en común de nuestras opiniones y sensaciones sobre el relato. Guardo un bonito recuerdo de esas clases; unos chavales de 15 ó 16 años reflexionando sobre el terrorismo, la moral, la opresión del pueblo... Me encantaría regresar por un momento al pasado para escuchar esos puntos de vista juveniles.
Ahora, unos cuantos años después (doce exactamente), he querido reencontrarme con Los Justos. Para ser sinceros, tenía un poco de miedo de haber idealizado esa historia. Dice Joaquín Sabina en una canción aquello de que "al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver". Pues he vuelto y, además, me alegro de haberlo hecho. Desde una perspectiva más madura (al menos un poco), puedo decir que se trata de un relato que engancha desde la primera línea sobre unos hechos y unos conceptos aplicables a la actualidad.
Camus plasma a la perfección el dilema moral implícito en todo terrorismo y dibuja unos personajes reales con ideales, pero también con dudas, miedos y remordimientos. ¿Héroes o asesinos?, se plantean. Sin duda, la vida de un hombre (o mujer), es mucho más valiosa que la más noble de las causas. Lamentablemente, siempre habrá quien intente justificar subjetivamente el uso de la violencia en base a la defensa de unas creencias o la consecución de unos derechos u objetivos. Quizás algún día el ser humano entienda que el diálogo ha de ser la única vía para lograr cambiar aquello que no nos gusta. Por cierto, según un informe presentado por la Secretaría de Estado de Comercio de nuestro país, "las exportaciones españolas de armas volvieron a crecer en 2008, pese a la crisis". Pues lo dicho, quizás...

2 comentarios:

D&R dijo...

La moral, por desgracia, se puede manipular con demasiada facilidad.La difusa línea que separa el bien y el mal se ve a menudo pisoteada por los intereses egoístas de quienes tienen el poder en sus manos.
Nos incumbe a todos obligarles a que esos intereses den un giro de 180 grados hacia intereses comunes, tales como, el respeto hacia uno mismo y hacia los demás.
Bien David, por hacernos reflexionar con tu escrito.
Un abrazo.

Rebeca

*Sechat* dijo...

Tiene muy buena pinta esta lectura que nos propones. Tomo nota del título. Por cierto, aprovecho para felicitarte porque tu blog toca la cultura desde todos los ángulos. Me resulta muy completo. ¡Enhorabuena!